Pensando como economista
martes, 16 de diciembre de 2025
El cuadernito
El cuadernito
Por Regina del Rio
Muchos se preguntan cuál es la clave para ser exitosos cuando se comienza un negocio.
Entre los factores que inciden en ello, hay uno en particular a destacar, el manejo adecuado de los numeritos de la empresa.
Para ello recomendamos la utilización de un cuadernito, así de simple, aunque suene absurdo en la época de los sistemas sofisticados.
Un cuadernito como herramienta para organizarse, al menos al principio, en lo que se le coge el piso al asunto.
Un cuadernito en el que se apunte cuánto entro, cuánto salió y por concepto de qué. Y luego a sumar y restar a ver cuanto quedó limpio en el bolsillo.
Porque no es posible que eso se lo tenga que decir un tercero, contratado y pagado para monitorear las poquísimas transacciones del comienzo.
Y este tipo de empresario, el que no monitorea los movimientos de su empresa, abunda. Y se le oye con frecuencia preguntar Fulano, cuánto tenemos en el banco?
Que el negocio con el tiempo crece, y se pone complicado el tema? Qué bien! Se necesitará entonces ayuda y hasta la creación de departamentos especializados.
Pero el que dominó la esencia de lo simple al principio, comprenderá mejor lo complicado.
En los inicios, maneje usted mismo sus datos, manosee las facturas, familiarícese de manera llana con la información.
El cuadernito le facilitará la tarea, le ayudará desde el principio a focalizar su atención en lo que "deja" su negocio, y a no caer en la fantástica ilusión de las ventas, de la que son víctimas tantos empresarios, que a pesar de tener sus parqueos llenos están quebrados y no se enteran hasta que el famoso tercero se lo informa.
Arrogantemente se ha desterrado el cuadernito, porque el sistema resuelve o el contable lo lleva. Y lo insólito ha ocurrido. Que a pesar de tanta tecnología, muchos no saben donde están parados.
Esta es una invitación a volver a lo básico. A apuntar usted mismo la información diaria que genera su empresa en un simple cuadernito. Se sorprenderá de cuan rápido se le ilumina el entendimiento!
La autora es economista y empresaria
Publicado en diciembre 2012 en el periódico El Caribe
Educando para qué
Educando para qué
Por Regina del Río
Todos pensamos que la educación es importante y que juega un rol estelar en el desarrollo.
Tanto es así que sería políticamente incorrecto, y hasta poco sentimental, considerar argumentos contrarios.
"Sin educación el progreso es impensable", "estoy totalmente de acuerdo con el 4pc para educación"......
Y verbalizamos un montón de cosas que suenan elegantes y nos hacen quedar bien.
El problema es que pocos nos sentamos a definir claramente en qué consiste esa educación que tanto reclamamos...
Queremos que los chicos vayan a la escuela a aprender qué exactamente?
Que sepan cuantos pinguinos quedan en el Polo Norte? Que reciten de memoria las encíclicas papales?
A lo mejor nos conformaríamos con que aprendan las herramientas básicas de matemáticas y lectoescritura.
Es importante que definamos bien lo que queremos en esta materia.
Porque la escuela, aun con buenos planteles y excelentes profesores, puede convertirse en un poderoso instrumento de mala educación.
Cuando destina horas y otros recursos a que sus alumnos se embotellen conocimientos que no se necesitan para nada.
Y cuando omite enseñanzas que son claves para el rendimiento productivo en el mundo laboral.
Se puede asistir a la escuela por años y salir de ahí sin tener la más mínima idea de como conciliar una cuenta bancaria..
El elocuente discurso a favor de la educación tampoco toma muy en cuenta el asunto de la motivación para educarse..
Fajarse en la escuela para después ser abogados o mercadólogos que no encuentran trabajo y descubrir que "lo que deja" es cabildear entre políticos o darle bien a un bate, es sencillamente frustrante..
Y la juventud que queremos "educar" lo sabe! Porque observa detenidamente lo que el mundo que le espera está pagando y valorando.
Es aquí en donde el juego se tranca! Mucho de lo que se enseña no es productivo y mucho de lo que se premia y paga tampoco lo es ni contribuye al desarrollo de un pais..
Mientras no se reforme el sistema educativo tomando en cuenta este tipo de cosas, podemos asignarle no un 4 sino un 20 pc para educación..., Estaríamos desperdiciando gran parte de esos recursos!!
Aunque no suene elegante, lamentablemente así sería.
La autora es economista y empresaria
Publicado en enero del 2013 en el periódico El Caribe
Por Regina del Río
Todos pensamos que la educación es importante y que juega un rol estelar en el desarrollo.
Tanto es así que sería políticamente incorrecto, y hasta poco sentimental, considerar argumentos contrarios.
"Sin educación el progreso es impensable", "estoy totalmente de acuerdo con el 4pc para educación"......
Y verbalizamos un montón de cosas que suenan elegantes y nos hacen quedar bien.
El problema es que pocos nos sentamos a definir claramente en qué consiste esa educación que tanto reclamamos...
Queremos que los chicos vayan a la escuela a aprender qué exactamente?
Que sepan cuantos pinguinos quedan en el Polo Norte? Que reciten de memoria las encíclicas papales?
A lo mejor nos conformaríamos con que aprendan las herramientas básicas de matemáticas y lectoescritura.
Es importante que definamos bien lo que queremos en esta materia.
Porque la escuela, aun con buenos planteles y excelentes profesores, puede convertirse en un poderoso instrumento de mala educación.
Cuando destina horas y otros recursos a que sus alumnos se embotellen conocimientos que no se necesitan para nada.
Y cuando omite enseñanzas que son claves para el rendimiento productivo en el mundo laboral.
Se puede asistir a la escuela por años y salir de ahí sin tener la más mínima idea de como conciliar una cuenta bancaria..
El elocuente discurso a favor de la educación tampoco toma muy en cuenta el asunto de la motivación para educarse..
Fajarse en la escuela para después ser abogados o mercadólogos que no encuentran trabajo y descubrir que "lo que deja" es cabildear entre políticos o darle bien a un bate, es sencillamente frustrante..
Y la juventud que queremos "educar" lo sabe! Porque observa detenidamente lo que el mundo que le espera está pagando y valorando.
Es aquí en donde el juego se tranca! Mucho de lo que se enseña no es productivo y mucho de lo que se premia y paga tampoco lo es ni contribuye al desarrollo de un pais..
Mientras no se reforme el sistema educativo tomando en cuenta este tipo de cosas, podemos asignarle no un 4 sino un 20 pc para educación..., Estaríamos desperdiciando gran parte de esos recursos!!
Aunque no suene elegante, lamentablemente así sería.
La autora es economista y empresaria
Publicado en enero del 2013 en el periódico El Caribe
Los herederos
Nada tan poderoso y gratificante como el concepto de "lo mío"..
Y los hombres y mujeres que tienen la dicha de vivir bajo un régimen que respeta la propiedad privada, verbalizan con frecuencia:
"este es mi negocio";
"esta es mi casa";
"estos son mis ahorros"....
Y luchan con ahínco para acumular un patrimonio, estimulados no sólo por el orgullo personal, sino muy especialmente por dejar a sus hijos una vida más fácil y segura que la que ellos tuvieron.
Que mejor estimulo para trabajar y arriesgarse en los negocios que el de saber que los suyos serán ¡los herederos de tanto esfuerzo!
Inexistente seria el incentivo para ello, si se supiera de antemano que el Estado expropiaría sus frutos o que ¡un tercero se quedaría con todo!
Gracias al esfuerzo del hombre que comienza de cero, los herederos crecen en un ambiente cómodo, prospero y seguro.
Muchos alardean de lo que poseen y de lo que pueden gastar, pero con frecuencia no desarrollan las habilidades y el tesón del que arranco sin nada. Les viene todo muy fácil.
Suele ocurrir entonces, que dilapidan fortunas y quiebran empresas.
Lo que constituía el estimulo primordial para crear un patrimonio, se convierte paradójicamente en la causa de su destrucción!
El padre se faja, se sacrifica y crea. Los herederos gozan, despilfarran y destruyen.
Estudios internacionales demuestran que las grandes fortunas se estremecen o desaparecen cuando caen en manos de la tercera generación.
¿Qué hacer entonces?
¡¡¡¡Pues menos emoción y mas cabeza!!!!
No acomodarlos tanto. Que demuestren primero, fuera del amparo familiar, que valen para algo, antes de darles trabajo ¡como hijos del dueño.
Desligar el profundo amor que se les tiene de la objetividad sobre sus capacidades. No todos están facultados para ser empresarios...
Y si no califica ninguno, ¡pues ninguno! Se quedan como propietarios y otros que dirijan la orquesta.
Existen entrenamientos y asesorías profesionales que orientan fríamente a las empresas familiares en estos temas.
A utilizarlos con valentía y ya está!
Y si se disgustan algunos, que así sea. Es mejor pagar ese precio y no el de una familia arruinada y toda una vida de sacrificio desperdiciada!
Regina del Río
La autora es economista y empresaria
Publicado en el periódico El Caribe en enero dd 2013
Absurdo feminismo
Por Regina del Río
Lo primero que aprende uno cuando estudia Economía es que la gente responde a "incentivos". Hacemos o dejamos de hacer cosas dependiendo de lo que ganemos o perdamos a cambio. Todo lo demás es irrelevante.
Así de simple!
Cuando la mayoría de las mujeres no trabajaba, los hombres tenían asumido su rol de proveedores. No les quedaba más remedio.
Traían el dinero a casa, pagaban facturas, archivaban papeles y decidían lo que se iba ahorrar.
Mientras, las mujeres se ocupaban de ser amas de casa, madres y esposas.
De repente se le ocurre a un grupo de ellas que había que "liberarse". Que tenían que integrarse al mundo laboral en iguales condiciones que los hombres.
Las feministas exigieron que las mujeres pudiesen votar y reclamaron autonomía e igualdad.
Y vaya que lo lograron! Arrancaron a prepararse y a competir con los hombres, sobrepasándolos incluso en muchos casos... Hasta dirigen países y todo!
El problema es que tan fabuloso movimiento subestimó "el principio de los incentivos" que tanto nos recalcan a los economistas.
Y como la naturaleza humana es lo que es, los hombres comenzaron a comportarse en consecuencia.
"Si ellas resuelven, mejor pa' nosotros. Menos lucha. Que paguen esto y aquello. Pero yo ni plancho ni llevo muchachos a cumpleaños"
Como consecuencia, las mujeres liberadas y autosuficientes de hoy están extenuadas, ocupándose de luchar como hombres sin descuidar su hogar y su vanidad.
El feminismo subestimó además la esencia de la mayoría de las mujeres.
Hay estudios que demuestran que no están tan interesadas en ser la "gran profesional" y prefieren sacrificar salario y horas extras, para poder dedicar tiempo de calidad a hijos y marido.
Ahora bien, ¿volver a la época en que ni votaban ni sabían lo que era una factura?
Imposible retroceder!
Pero al menos reconocer sinceramente que se exageró bastante y desmentir un poco la falacia que tanto se repite de que no necesitan ayuda, de que son iguales a los hombres, y de que están discriminadas!
En el fondo, la gran mayoría de ellas añora al protector de antaño. Y caerían rendidas ante quien les diga, "no te preocupes por nada, que yo resuelvo".
La autora es empresaria y economista.
Publicado en el periódico El Caribe en febrero de 2013
El especulador
Por Regina del Río
Uno de los vicios ideológicos más arraigados en la mentalidad de la gente es el de concebir al especulador como ese malvado que acapara productos y provoca un aumento de precios.
Todo esto en detrimento de las clases desposeídas.
"Los precios no son esos. Se está especulando" Solemos oír..
Pero en realidad, sin proponérselo y persiguiendo única y exclusivamente su propio interés, el especulador rinde un servicio a la sociedad.
Los libros de texto de Economía lo explican con ejemplos parecidos al que sigue.
Vamos a suponer que ocurre una catástrofe natural que provoca una gran escasez de agua potable.
Los moralistas entenderían que los comercios deberían prácticamente regalársela a los pobres y sedientos damnificados.
Y digamos que así lo hace un grupo de bien intencionados..
.. .
Otro grupo, el de los malvados avaros, decide hacer negocio!!
Y anticipando la escasez de agua que se avecinaba, decidió comprarla en grandes cantidades, esconderla y luego venderla a los desesperados a un sobre precio.
¿Cuál es el resultado al final?
El primer grupo se desabastece. Se queda sin agua!! Primero porque todos se avalanchan a comprarle y segundo porque, vendiendo tan barato, no tiene incentivo de seguir supliendo en una zona de alto riesgo. Termina cerrando..
El grupo de los avaros, sin embargo, no sólo garantiza que el agua aparezca y la gente no se deshidrate., sino que incentiva con sus ganancias extraordinarias. a que otros comerciantes se arriesguen a venir a la zona devastada a vender agua también.
Poco a poco, la competencia hace que el agua potable sea cada vez mas fácil de conseguir y que su precio vaya bajando a un nivel más normal.
Los especuladores con su vil propósito de enriquecerse a costa de la desgracia de otros, logran sin querer que el mercado se regularice.
Las buenas intenciones del primer grupo de comerciantes, en cambio, trabajaron en contra de los que pretendían ayudar.. ..
Aprendiendo un poco de economía básica, se analiza con mejor criterio la validez y conveniencia de tanto discurso moralista que anda suelto por ahí.
Esta es una invitación a desconfiar de los mismos, aunque suenen lindos y emotivos.
La autora es economista y empresaria
...
Publicado en el periódico El Caribe en febrero de 2013
Uno de los vicios ideológicos más arraigados en la mentalidad de la gente es el de concebir al especulador como ese malvado que acapara productos y provoca un aumento de precios.
Todo esto en detrimento de las clases desposeídas.
"Los precios no son esos. Se está especulando" Solemos oír..
Pero en realidad, sin proponérselo y persiguiendo única y exclusivamente su propio interés, el especulador rinde un servicio a la sociedad.
Los libros de texto de Economía lo explican con ejemplos parecidos al que sigue.
Vamos a suponer que ocurre una catástrofe natural que provoca una gran escasez de agua potable.
Los moralistas entenderían que los comercios deberían prácticamente regalársela a los pobres y sedientos damnificados.
Y digamos que así lo hace un grupo de bien intencionados..
.. .
Otro grupo, el de los malvados avaros, decide hacer negocio!!
Y anticipando la escasez de agua que se avecinaba, decidió comprarla en grandes cantidades, esconderla y luego venderla a los desesperados a un sobre precio.
¿Cuál es el resultado al final?
El primer grupo se desabastece. Se queda sin agua!! Primero porque todos se avalanchan a comprarle y segundo porque, vendiendo tan barato, no tiene incentivo de seguir supliendo en una zona de alto riesgo. Termina cerrando..
El grupo de los avaros, sin embargo, no sólo garantiza que el agua aparezca y la gente no se deshidrate., sino que incentiva con sus ganancias extraordinarias. a que otros comerciantes se arriesguen a venir a la zona devastada a vender agua también.
Poco a poco, la competencia hace que el agua potable sea cada vez mas fácil de conseguir y que su precio vaya bajando a un nivel más normal.
Los especuladores con su vil propósito de enriquecerse a costa de la desgracia de otros, logran sin querer que el mercado se regularice.
Las buenas intenciones del primer grupo de comerciantes, en cambio, trabajaron en contra de los que pretendían ayudar.. ..
Aprendiendo un poco de economía básica, se analiza con mejor criterio la validez y conveniencia de tanto discurso moralista que anda suelto por ahí.
Esta es una invitación a desconfiar de los mismos, aunque suenen lindos y emotivos.
La autora es economista y empresaria
...
Publicado en el periódico El Caribe en febrero de 2013
El precio de "lo gratis"
Por Regina del Rio
A todos nos hace feliz recibir algo gratis.
Pero salvo el aire que respiramos y unas cuantas cosas más, no hay nada verdaderamente gratis..
Comenzando porque la presencia de "lo gratis" nos nubla el entendimiento y nos induce a decidir de manera irracional.
Entramos a una tienda, por ejemplo, y vemos que por el precio de tres pares de medias nos dan uno extra. Caemos en la tentación de comprarlas.
¡Pero no estábamos buscando medias!
Ese par adicional no es más que el anzuelo que utiliza el comerciante para salir de una mercancía que no se le vendía.
Nos ocurre lo mismo cuando al elegir entre dos productos, compramos el que no preferimos realmente porque trae un "estuchito" de regalo...
Y cuando vamos al museo el día que no nos cobran, a pesar de la incómoda presencia de la multitud.
También cuando viajamos a un destino que no nos interesaba mucho en verdad, e incurrimos en deudas para pagar la estadía, sólo porque los pasajes salían gratis.
.
Los que conocen esta debilidad del ser humano logran seducirnos a su conveniencia.
El comerciante sale de mercancía con sus ofertas. El político obtiene votos con sus dadivas en campana. El suplidor coloca sus productos llevando regalitos a la encargada. El hotelero llena su establecimiento de consumidores.
Demasiadas veces caemos en la trampa de los que pretenden manipularnos...Porque no nos detenemos a analizar lo que verdaderamente queremos y necesitamos.
Cultivemos una actitud más racional. Para no terminar pagando demasiado por lo que supuestamente nada cuesta.
La autora es economista y empresaria...
El bálsamo social
Por Regina del Rìo
Vivimos simultáneamente en dos mundos diferentes. En uno prevalecen las normas sociales. En el otro gobiernan las estrictas leyes del mercado..
Las jrrnormas sociales se aplican a las relaciones con amigos y familiares. En este mundo, se hacen favores sin esperar un pago inmediato, se invita a cenar sin mencionar cuanto gastamos y se enamora la gente.
En el segundo mundo, en cambio, las relaciones están bien afiladas en términos de salarios, costos y beneficios. Se obtiene lo que se paga y punto.
Invadir el mundo social con normas económicas es insultante y poco delicado. A un galán experimentado, por ejemplo, no se le ocurrirá jamás echar en cara a su pretendida lo que lleva gastado cortejándola.
Pero introducir "detalles sociales" al mundo económico, por el contrario, sirve de mucho. Sobre todo en estos tiempos en que la creatividad humana, y no la máquina industrial, va contando cada vez más en la generación de riqueza.
Ante esta realidad, las empresas se están ocupando de lograr un balance delicado entre lo social y lo económico. Comprendieron que el salario logra su rol hasta un punto, pero que el manejo adecuado de las prebendas sociales es lo que a la larga hace la diferencia en conseguir que los empleados se sientan motivados a crear, sean leales y se identifiquen con la misión de la empresa.
El financista estrictamente racional las contempla como un desperdicio de dinero. Pero resulta y está demostrado que ese "desperdicio"? en hacer sentir bien a la gente paga con creces.
El trato afable y considerado, el apoyo oportuno ante la enfermedad o desgracia, los beneficios adicionales como membresías en clubes,, cupones en salones de belleza, planes de retiro y celebraciones especiales se hacen cada vez más presentes como bálsamo que suaviza, motiva e integra.
Ahora bien, el empresario debe calcular con extremo cuidado cuales prebendas puede sostener en el tiempo. Porque una vez introducidas, no podrá removerlas sin erosionar de pésima manera el ambiente laboral.
Tocados ya en su calidad humana, los empleados no aceptarán jamás volver a ser tratados como máquinas.
La autora es economista y empresaria
Publicado en el periódico El Caribe en marzo de 2013
Ahorrando poco
Por Regina del Río
Todos entendemos que ahorrar es bueno. Lo que guardamos de lo que nos entra nos protege ante una emergencia, nos ayuda a pagar la educación de los hijos y sufraga los gastos de la vejez.
La sociedad en conjunto también se beneficia porque con los ahorros individuales se financian las inversiones productivas.
Así lo admitimos. ¡Pero no lo hacemos! Ahorramos muy poco o nada. Sobretodo si vivimos en el continente americano.
Los europeos y asiáticos son mucho más prudentes y sensatos.
Por aquí en cambio hasta gastamos más de lo que podemos y nos endeudamos para pagar nuestros caprichos consumistas.
El sistema nos facilita la tarea! Con sus tantas tarjetas de crédito y "porque la vida es ahora".
Y no importa si ganamos más cada año. No nos alcanza porque siempre se puede comprar más zapatos, televisores más grandes y viajes más sofisticados.
Los economistas, que siempre hemos querido "suponer" que las personas son racionales, acudimos a estudiar el comportamiento de la gente en la vida real para explicar esta tendencia a la irresponsabilidad financiera...
Parece ser que nuestros patrones de ahorro están más asociados a las emociones del momento que a la racionalidad...
Somos débiles con la gratificación inmediata.
Decimos que comenzaremos a ahorrar este año, pero justo en ese momento lanzan al mercado el automóvil de nuestros sueños y caemos rendidos...
Prometemos que dejaremos de fumar o que rebajaremos unas cuantas libras y a la primera salida arrancamos a fumar o a comer de más.
Renunciamos a la meta de largo plazo a cambio del placer presente...
Y al fallar en cumplir nuestros propósitos, nos sentimos frustrados y miserables.
¿Qué hacer entonces?
Obligarnos y punto! No queda de otra. Buscar herramientas que nos comprometan de antemano.
Si somos empleados, autorizar deducciones automáticas para nuestro retiro.
Si no lo somos, decidir un monto fijo que "nos pagaremos a nosotros mismos" primero que nada. Y ajustar nuestros gastos a lo que quede.
Cancelar tarjetas de crédito.
Porque por más que pretendamos ignorarlo, nuestro destino nos atrapa. Y esta debilidad nos pasara factura en términos de una vejez dependiente, dolores sin calmantes y desgracias avasallantes.
La autora es economista y empresaria
Droga legal
Por Regina del Río
"Incautan en Caucedo 366 bultos de droga".
"Dominicano cae junto a amplia red de narcotráfico".
"Desmantelan red de narcos en operación de película.""
Todos los anteriores son titulares de un mismo día en la prensa dominicana.
Y nos daría la impresión de que estamos ganando la guerra contra las drogas.
Lamentablemente no es así.
Salvo entretenernos con su circo mediático y con la vida glamorosa de algunos culpables, muy poco se ha logrado en tantos años de luchas y discursos elocuentes anti droga...
La penosa realidad es que la gente consume más y el negocio está creciendo y es cada vez más lucrativo.
Y no solo aquí.
Los americanos gastan millones de dólares al año en esta lucha y tienen sus cárceles repletas de narcos y drogadictos. Aun así, los resultados no convencen.
Tampoco convencen en México, donde más de 50000 personas, han muerto desde que se acrecentó la lucha contra los estupefacientes.
Se intensifica la guerra, y como el negocio es más arriesgado, el precio de la droga sube para compensar.
Sube su precio, pero no necesariamente cae su consumo.
Primero, porque el adicto dependiente no tiene que ver con eso. Se va a drogar como sea...
Y segundo, porque el hecho de que sea "prohibida" llama la atención de una juventud curiosa y rebelde.
Es así como el negocio se vuelve más enriquecedor y tentador.
Los narcos se hacen más ricos y poderosos, y a la vez mas violentos y corruptos y difíciles de atrapar.
Paradójicamente la ilegalidad los ayuda.
Muchos se preguntan entonces,
¿no sería mejor legalizarla?
Algunos estados americanos han comenzado incluso a despenalizar la marihuana.
Al operar en un marco legal, aplicarles impuestos y eliminar el sobreprecio de la droga, ¿no sería mas fácil quitarles poder a estos delincuentes?
¿Disminuirían así los arreglos de cuenta y los crímenes atroces que tanto nos asustan?
¿No sería más lógico entonces concentrar los millones de dólares y las tantas energías de la lucha anti narco en combatir más agresivamente el consumo?
¿Propiciar en las escuelas una especie de adoctrinamiento en contra de las drogas, a través de videos súper explícitos y crueles sobre sus nefastas consecuencias?
Y una vez legal su consumo, ¿no se vería mas claro quienes están perdidos en ese mundo y necesitan ayuda rehabilitadora?
Nadie quiere una sociedad donde abunden jóvenes adictos y narcos desalmados sin escrúpulos con gran poder corruptor.
Pero lo que estamos haciendo no lo está evitando. Muy al contrario. Y le está saliendo demasiado caro a la sociedad en su conjunto.
Esta es una invitación al debate sincero entre los que se oponen firmemente a que la droga sea legal y los que comienzan a considerar esta opción como la más sensata y realista.
La autora es economista y empresaria.
Consumo vanidoso
Por Regina del Río
Hace algunas décadas, un economista llamado Veblen se escandaliza al estudiar los extravagantes patrones de consumo de los ricos de su época.
Veblen se da cuenta que estos no compraban porque lo necesitaran realmente, sino para demostrar a los demás que podían permitírselo.
Una desesperada necesidad de notoriedad y status guiaba sus decisiones a la hora de gastar.
Veblen se concentró en los ricos, pero resulta que este fenómeno de "comprar para impresionar o calificar" se ha extendido en todos los niveles.
Parece ser que la necesidad de diferenciarse de otros, aunque provoque la envidia de los menos pudientes, es inherente a la naturaleza humana.
¡Así somos! Ricos y no tan ricos vivimos continua y costosamente gastando con fines propagandísticos.
El más rico se compra un lujosísimo carro deportivo y con esto manda la siguiente señal: "Vean, tengo tanto dinero que puedo desperdiciarlo en esta tontería".
El menos pudiente hace lo mismo, en su nivel. Desde que maneja un dinero extra, se compra una cadena de oro y adorna su carro con llamativos artefactos y bocinas estridentes.
La cuestión es "demostrar", "calificar en un grupo"."
¡¡Al menos eso creen!!
Porque hay mucha ilusión fantasiosa en todo esto.
Nadie compra "status" a través de una cartera de marca o un automóvil de lujo. El refinamiento y la notoriedad social se tienen o no se tienen.
¿Acaso necesita Mario Vargas Llosa llegar en un Ferrari a un restaurant para ser recibido con gran admiración?
Y la chica sin modales en la mesa, ¿de repente califica socialmente porque exhibe con orgullo una Louis Vuitton?
Para nada es así, y mucho menos en las sociedades latinoamericanas donde las élites son tan crueles con los arribistas.
Poner tanto énfasis en "mandar señales a otros" en vez de concentrarnos en lo que nos hace verdaderamente feliz, es un tonto desperdicio de dinero y energía.
Mucho más sensato sería intentar destacarse con un talento especial o conversaciones exquisitas.
¡Porque eso es lo que no abunda! En esta época donde las marcas de lujo se han proliferado de tal manera que ni las crisis las afectan, cualquiera tiene una chanel. Hasta cogiendo prestado.
La autora es economista y empresaria...
Culpa de quién
Por Regina del Río
Unos países increíblemente prósperos; otros, terriblemente pobres.
Los grandes contrastes entre unos y otros despiertan interrogantes que se contestan de diferente manera: que si los ricos explotan a los pobres, que si la geografía no los favorece, que si están superpoblados, que si no tienen recursos...
¡Y claro que hay muchos factores que inciden en este asunto! Tantos que lo sorprendente seria que no hubiese diferencias.
Pero también se dicen muchas mentiras al respecto.
Los anticolonialistas y antiimperialistas por ejemplo, tan partidarios de la tesis de la explotación, fallan en explicar algunas cosas.
Si unos conquistaron a otros, ¿qué determinó la superioridad inicial de los primeros?
¿Y por qué países que nunca han sido colonizados viven en extrema pobreza?
¿Y cómo es posible que décadas después de independizarse, tantas ex colonias continuaron siendo pobres?
Tampoco rinden cuentas de lo que ha hecho el tercer mundo con las empresas confiscadas a extranjeros. ¡No gran cosa!
.Lo que sí está claro es que eso de echar la culpa a otros gusta muchísimo. A los políticos les encanta porque es un argumento que suena bien al oído de los votantes: "los malos son otros; esos son los que tienen que cambiar, no ustedes".
.
Otros dicen que la tierra que les tocó no tiene ni petróleo ni minerales importantes.
Pero resulta que Arabia Saudita sí tiene ¡y mucho!, pero su ingreso per cápita es mucho menor que el de Singapur, que hasta el agua tiene que importar.
¿En que creer entonces?
Parece ser que es más cuestión de habilidades e inventiva. Al principio todos eran pobres, pero unos descubrieron la rueda y la cosecha mucho antes que otros, y los aventajaron.
También se sabe que la prosperidad va de la mano con la ley y el orden, el respeto a la propiedad privada y los gobiernos capaces y poco corruptos.
Al fin de cuentas resulta que se trata de lo que cada país haga por sí mismo.
Así lo sustentan los casos de países como China y Singapur, que decidieron reinventarse y asumir su responsabilidad sin excusas demagógicas. Y vaya que han logrado elevar sus economías, sin estar echando culpas por ahí.
La autora es economista y empresaria
Ayuda que no ayuda
Por Regina del Río
Los economistas definen como "ayuda externa", toda transferencia internacional de riqueza, de un gobierno a otro, o a través de agencias como el Banco Mundial.
Y la gente ve con buenos ojos que el mundo rico ayude al pobre. Suena lógico y bien intencionado.
Pero resulta que cuando los estudiosos del desarrollo analizan el impacto real de esta ayuda, quedan sumamente decepcionados.
Las grandes cantidades transferidas a gobiernos tercermundistas no han producido crecimiento económico significativo. En algunos casos incluso, el ingreso real ha caído.
Lo explican como sigue:
El mecanismo a través del cual el país rico ayuda al pobre, ignora el hecho de que tanto los que dan la ayuda como los que la reciben responden a sus propios intereses. Y estos intereses poco tienen que ver con desarrollar al pueblo en cuestión.
Funciona más o menos así:.
Por un lado está la institución que ayuda. Para ésta, el éxito es la erogación en sí misma. El simple hecho de desembolsar una gran cantidad de dinero le da visibilidad política y ruido mediático. Justifica su existencia.
Lo que haga el país receptor con este dinero no le importa tanto. Primero, porque le es difícil monitorearlo. Segundo, porque aún en el caso de detectar irregularidades, no le conviene denunciarlas.
Sería como propagar: "el dinero que regalé, que encima no es mio sino de los contribuyentes, fue desperdiciado o robado"
Tanto es así que hasta se continuó dando dinero a Ruanda en pleno genocidio.
Por otro lado, está el que recibe el dinero. De todos es sabido que los países atados a la pobreza, lo están también a gobiernos corruptísimos.
Sabiendo de antemano que no se les vigilará, no tienen motivación para no malgastar la ayuda recibida.
La utilizan entonces para perpetuarse en el poder o para embolsillársela.
Es así como el dinero de contribuyentes en países ricos pasa a premiar gobiernos irresponsables del Tercer Mundo, que nada hacen por los pobres de su país.
El corazón noble invita a ayudar.
Pero la cabeza lo contradice cuando analiza la penosa realidad.
Con gobiernos corruptos y sin planes inteligentes contra la pobreza, la ayuda no ayuda. A veces incluso, hasta perjudica!!
La autora es economista y empresaria
Autoayuda para comunistas
Por Regina del Río
En estos tiempos están muy de moda los libros de autoayuda. La gente está tratando de vivir con mayor plenitud y armonía.
Para lograrlo, estos libros aconsejan, que aceptemos nuestra naturaleza humana. "Somos lo que somos", seres humanos con imperfecciones.
A partir del momento que lo hacemos nos sentimos más felices porque dejamos de esperar ese "ideal inalcanzable" para estar satisfechos.
Los perfeccionistas no entran en eso. Entienden que la gente debe ser virtuosa y no resignarse a sus debilidades. Estas personas no sólo sufren muchísimo, sino que imponen absurdas exigencias a los demás.
Un claro ejemplo de este tipo de gente son los comunistas. Por ello dan la impresión de estar permanentemente enojados con la vida.
Los comunistas desafían la naturaleza humana y pretenden domarla: "los hombres no deben ser egoístas. Se les debe imponer un sistema que los obligue a compartir lo que tienen con los demás para que todo el mundo tenga lo mismo".
Sus ideas estan divorciadas de lo factible, y han condenado a millones de personas al sufrimiento.
Parece ser que los que propusieron el capitalismo como sistema tenían el sentido común emocional más desarrollado. Porque ellos sí aceptan al hombre como es.
Mientras la utopía comunista intenta erradicar el instinto egoísta del hombre, los capitalistas fundamentan su sistema en la realidad: el hombre no es altruista por naturaleza. Persigue lo suyo y punto. Negar esto es ver en la gente lo que la gente no es ni le interesa ser.
Como resultado de las absurdas imposiciones comunistas, los países se empobrecieron y se tornaron grises. Porque nadie produce riqueza para dársela a otro.
Sólo basta ver a Cuba, Laos y Vietnam del Norte. Claro que alcanzaron la utopía comunista: todo el mundo igual de pobre, salvo dos o tres en la cúpula. Y el caso de China, que justo por abandonar el comunismo en su manejo económico arrancó a progresar. ¡Y de qué manera!
Esta es una invitación, a los que todavía se dejan seducir por los discursos comunistas, a buscar ayuda urgente. Ahorrarían nefastas consecuencias a sus países. Y serían de paso, más felices y agradables.
La autora es economista y empresaria
La mentira laboral
Por Regna del Río
Muchas veces las políticas económicas están basadas en mentiras.
Se suele decir, por ejemplo, que las relaciones entre patrón y empleado no son justas. Que el gobierno debe meterse imponiendo reglas que protejan al más débil de una cruel explotación.
Y todo lo que suena a "justicia" gusta mucho y vende bien.
Así pues, se imponen cosas como éstas:
-Nadie puede contratar a nadie si no se le paga tanto, aunque haya gente dispuesta a trabajar por menos.
-Además de su salario, al empleado hay que regalarle en Navidad, pagarle sus vacaciones y darle algo de los beneficios.
-Si resulta que el empleado no da la talla o es deshonesto, mucho cuidado con despedirlo así como así. Hay que pagarle varios meses de salario y tomar en cuenta su antigüedad.
Es decir, que encima se le premia, aunque haya sido un vago o haya robado. A menos que se quiera echar un pleito tedioso y costosísimo en los tribunales a ver que pasa.
Y todo esto hace que los que ya tienen empleo se sientan contentos.
Pero al patrón le aumentan los costos y se le complica la vida. A tal punto, que se lo pensará con cuidado antes de contratar más gente o abrir sucursales..
Viene entonces la indeseada consecuencia de tanta justicia: los empleos no aparecen y cada vez más gente hace cosas por la izquierda o sale a robar.
Se acaba perjudicando a la larga a los que se pretendía ayudar.
Las tasas de desempleo han sido mas altas y duraderas en la Unión Europea, con sus protecciones laborales, que en los Estados Unidos, donde hay gran flexibilidad.
Pero a pesar de la evidencia, nadie quiere admitir que se ha equivocado, porque resulta vergonzoso, cuestiona capacidades y arriesga "cargos"..Así que la mentira prevalece, provocando más desempleo y ahuyentando inversiones.
Ojalá que se aproveche la revisión del código laboral para desmentir falacias y enmendar errores.
Y que se modifique tomando en cuenta que cuando patrón y empleado llegan libremente a un acuerdo, es porque es beneficioso para ambos. Aunque no sea "justo" para un grupo de idealistas, que al fin y al cabo no le dan trabajo a nadie.
La autora es economista y empresaria
Diferentes salarios
Diferentes salarios
Por Regina del Río
Para nadie es un misterio que vivimos en un mundo con grandes diferencias
salariales. Y que por esta razón unos viven en mansiones y otros en multifamiliares.
A los economistas se les enseña que estas diferencias se deben a que hay gente que produce más riqueza que otra, por diferentes motivos.
Están los que se esfuerzan mucho, los que son serviciales por naturaleza, los que recibieron una educación especializada, los que se criaron en ambientes familiares sanos, los que están dispuestos a hacer el trabajo que nadie quiere, por incómodo o arriesgado.
Están también los que tienen una súper habilidad o talento, y se convierten en Pavarotti o David Ortiz. Y los que nacieron mucho más lindos que otros ¡Qué suerte!
El caso es que somos diferentes y el mercado nos paga tomándolo en cuenta. Y se da entonces que muchos están dispuestos a pagar miles a Cavalli y muy poco a la modista que sostiene sola a sus hijos. Y mucho más a la bella actriz que a la fea, aunque tengan el mismo talento.
Entran entonces consideraciones de moral y justicia sobre las diferencias que el mercado provoca con sus valoraciones. Pero esto es así porque se confunde productividad con mérito.
La productividad de una persona puede valer miles de veces más que otra, aunque esta otra tenga más mérito. La modista puede tener más mérito porque a lo mejor fue criada en terribles condiciones y a pesar de eso se convirtió en una ciudadana decente y trabajadora. Pero no podemos obligar a la gente a pagar más por su trabajo que por el de Cavalli.
Como tampoco podemos imponer nuestro criterio de que un neurocirujano especializado en Harvard debería ganar mucho más que una estrella del béisbol. Para nada es así porque esta última entretiene a millones de hombres embobados por una pelota. ¡Qué se le va a hacer!
Pretender regular los salarios para evitar injusticias, conduce a disposiciones absurdas, tipo las siguientes: "prohibido pagarle tanto a un pelotero, porque no ha ido a la universidad" o "contraten y páguenle igual a la fea, aunque nadie quiera verla en la pantalla".
La autora es economista y empresaria
Sindicatos
Por Regina del Río
Cuando un grupo de trabajadores se asocia para defender sus intereses ante patrones, estamos frente a un sindicato.
Los sindicatos aparecen en el siglo XIX con discursos como este: "Somos personas dignas y padres de familia. Merecemos salarios más altos y mejores condiciones. Intimidemos al patrón para lograrlo. De lo contrario nos vamos a huelga y le paramos la fábrica".
Y con esta elocuencia ganaron muchos adeptos y se volvieron poderosos. Tanto así que algunos trabajadores dejaron de trabajar de verdad para ser unicamente sindicalistas. Y hasta recibieron ayudas del gobierno.
Estos ex-trabajadores no sólo comenzaron a manejar un buen dinerito, sino que se hicieron famosos en los medios. Y el asunto les fue gustando. Entonces terminaron por convertir al sindicato en su propia empresa y a los trabajadores en la excusa para recibir más ayuda solidaria y conservar su poder.
Comenzaron incluso a ser avasallantes y hostiles, ya no sólo en contra del injusto patrón , sino en contra de aquellos trabajadores que prefiriesen aceptar un salario más bajo con tal de tener un empleo.
Lo insólito de todo esto es que este poder lo adquirieron sin generar riqueza alguna, en detrimento de los que sí la producían: los empresarios, que terminaban cerrando o instalándose en otra parte, y los propios trabajadores.
En los Estados Unidos, por ejemplo, el más famoso sindicalista del carbón se convirtió a la larga en el mejor vendedor de petróleo. Porque encareció tanto el carbón con sus exigencias salariales y las tantas huelgas que organizaba, que la gente comenzó a sustituirlo por petróleo y las minas quebraron.
Algo similar ocurrió en la industria automotriz. Gracias a las conquistas de su sindicato, General Motors no pudo competir con Toyota y terminó despidiendo a cientos de miles de empleados.
Cuando esos miles de obreros y mineros regresaban cabizbajos a sus casas, ninguno encontró allí al antiguo compañero y solidario sindicalista para darle trabajo o pagarle sus facturas.
No es de extrañar entonces que hoy día los sindicatos estén tan desprestigiados y que hasta se hable de la nula necesidad de su existencia.
La autora es economista y empresaria
Control de precios
Por Regina del Río
A lo largo de la historia, muchos gobiernos han caido en la trampa seductora de prohibir que ciertos bienes o servicios se vendan por encima de un monto "justo".
Se imponen controles de precios porque de alguna manera se asume que tenemos "el derecho a" ciertas cosas por el simple hecho de existir. Se nos dice, por ejemplo, que todos merecemos un techo ¡y qué bonito suena!
Pero la dura realidad es que no nacemos como dioses creadores de viviendas, sino como simples mortales que tienen que fajarse a construirlas. Los ingenieros sólo lo hacen si ganan lo suficiente para pagar sus costos y compensar sus esfuerzos.
Cuando un gobierno los obliga a venderlas o alquilarlas por debajo de sus intenciones, mucha gente consigue casas baratas. Ya están construidas y algo hay que hacer con ellas. Pero con el tiempo, no aparecen nuevas viviendas porque no hay suficientes ingenieros motivados a construirlas.
Lo mismo pasa con alimentos y gasolina. Se controlan sus precios y muchos quieren comprar, pero menos gente quiere vender. Muy pronto la escasez se hace evidente en las largas filas de espera y las estanterias vacías, y en los sobornos por debajo de la mesa.
La sociedad en conjunto termina peor.
La historia está llena de ejemplos similares. Sin embargo, los gobiernos populistas insisten en esta política y en hacer creer a la gente fantasías hipócritas compradoras de votos: que por el simple hecho de "tener derecho a", viviendas y alimentos deben aparecer.como por arte de magia. Y que si los precios son altos es porque detrás de los mismos hay alguien enriqueciéndose más de la cuenta.
¡Pura retórica inservible!
La realidad que no se explica es que cuando vendedores y compradores interactúan libremente, el precio al que llegan es el más justo posible: aquél que permite que bienes y servicios aparezcan para los consumidores dispuestos a pagar lo que cuestan.
Y que cuando ese precio es demasiado alto, controlarlo a la fuerza es tan absurdo como pretender convertirnos en dioses de la noche a la mañana. Simplemente no se puede.
La autora es economista y empresaria
Miedo a competir
Por Regina del Rio
La gente se liberó de tener que producir todo lo que necesitaba porque simplemente podía comprarlo en el mercado. Pudo disfrutar más de la vida y consumir una mayor variedad de artículos.
Cuando los países comercian entre sí buscan exactamente lo mismo. Lo que no tiene uno, lo tiene el otro. Cada cual se dedica a producir lo que sabe hacer mejor y lo demás se lo compra al resto. Aunque unos sean ricos y otros pobres, en general todos ganan en el intercambio. Así está demostrado.
Pero a pesar de las evidencias a favor del comercio internacional, las proposiciones por restringirlo ocupan una posición central en el debate político. Y es que aunque éste sea beneficioso para la sociedad en conjunto, no suele serlo para una minoría, muchas veces poderosa : los productores de bienes y servicios similares a los importados.
El miedo a competir y a enfrentar realidades los aterroriza y los empuja a exigir de sus gobiernos la imposición de barreras a la importación. Utilizan diferentes pretextos para exigir que no se compren productos a ciertos países: que si hay que castigarlos porque pagan un salario de miseria o contaminan el ambiente, que si se pierden empleos nacionales, que si la dependencia es peligrosa...
¡Y cualquiera se confunde!
Tanto así que los gobiernos ceden a sus presiones, perjudicando entonces a una enorme pero dispersa mayoría consumidora, a quien no le queda más remedio que comprar artículos nacionales caros o de peor calidad que los extranjeros.
Terminan beneficiando a una influyente y ruidosa minoría, que tarde o temprano tendrá que afrontar que otros son mejores o hacen cosas más útiles. Tal como tuvieron que hacer los cocheros de caballo cuando apareció el automóvil, los fabricantes de máquinas de escribir cuando apareció la computadora y tantos otros que debieron reinventarse para poder sobrevivir.
¿O hubiese sido preferible condenar la sociedad al atraso, con tal de protegerlos?
La autora es economista y empresaria
Empresarios fallidos
Empresarios fallidos
Por Regina del Río
Cada año, en todas partes del mundo, millones de personas abren su propio negocio con gran ilusión. La mayorïa quiebra poco tiempo después. Una de las razones principales es que los que se lanzan suelen ser empleados técnicos convencidos erróneamnte de que por el sólo hecho de dominar una tarea pueden dirigir una empresa
Es el caso de la famosa peluquera que corta y tiñe muy bien o de la repostera que prepara exquisitos bizcochos, cuando deciden independizarse y montar su salón o repostería. Lo hacen sin tomar en cuenta que mientras ellas estaban concentradas en su oficio, alguien más se ocupaba de ser empresario.
Al poco tiempo de abrir por su cuenta, comienza el caos. Además de peinar o cocinar, se topan con facturas que se acumulan, suplidores que acosan, productos que se pierden y la planta que no prende.
Terminan extenuadas y poco a poco se quedan atrás porque no pueden con todo. La nueva empresa se convierte en un empleo mucho más esclavizante que el que tenían y los clientes, en enemigos hostiles e inconformes.
A menos que se reinventen y cambien de mentalidad, no hay forma de lograrlo. El cambio es difícil porque mientras la personalidad técnica es inmediatista y práctica, la empresarial es visionaria y soñadora.
El ténico no está acostumbrado a soñar, sino a ejecutar. No confía en delegar y se ofusca tanto en las tareas diarias que termina por desconcertarse. El empresario en cambio, a veces no hace nada salvo pensar y visualizar sus metas. Desde una perspectiva más amplia, funciona como estratega.
No hay nada incorrecto en ser un técnico. Lo que sí es grave es seguir siéndolo cuando ya se tiene su propia empresa. Porque no es lo mismo trabajar en un sitio donde se corta el pelo o cocinan pasteles que poseer ese sitio y dirigirlo hacia el éxito.
Es por esto que antes de lanzarse, el técnico debe plantearse con sinceridad si puede convertirse en alguien que a lo mejor no es, dejando de ser un excelente profesional que hace feliz a sus clientes para ser un pésimo empresario condenado al fracaso.
La autora es economista y empresaria.
Deshonestos por naturaleza
Por Regina del Río
En estos tiempos están muy de moda los discursos sobre honestidad y valores. Que si se han perdido, que si éste es un país de ladrones, que si los tiempos de antes eran mejores...Y muchos dicen "yo sigo siendo serio".
No sólo roba el ladrón de a pie, cuando asalta una gasolinera; roba también el financista de cuello blanco y en una sóla transacción perjudica a tantas personas, que al de a pie no le alcanza la vida para igualarlo.
Es deshonesto el congresista, cuando acepta regalos para aprobar leyes, el gerente que maquilla los números para recibir mejor paga, el comerciante que soborna al aduanero y el médico que exagera gravedades.
Están también los honestos que hacen su travesurita: cuando utilizan la fotocopiadora de la oficina para la tarea del niño o pasean a la familia con la tarjeta coorporativa.
Sería bueno que los moralistas definan a qué tipo de deshonestidad se refieren cuando la denuncian. Porque parece que todos hacemos nuestra "trampita" cuando la oportunidad se presenta y el riesgo a ser descubiertos es pequeño.
Existe un estudio muy interesante sobre alumnos que previamente habían asignado un gran valor a la honestidad. Reconocieron que era indispensable para el éxito de los negocios y la prosperidad de las naciones. Pero todos se copiaron cuando se les facilitó el asunto. Y eran estudiantes de Harvard y MIT.
El propio Shakespeare hace 400 años decía que ser honrado era como ser un escogido entre diez mil. Así que no se trata de"estos tiempos" ni de "este país".
Se sabe ademàs que mientras más lejos esté el acto deshonesto del dinero en efectivo, menos malo nos parece. Es más fácil, por ejemplo, ir a una tienda, llevarse un fabuloso vestido y devolverlo intacto al otro día de exhibirlo, que meter la mano directamente en la caja.
Como hoy en día se toca cada vez menos el dinero, y todo está a ley de un click, se les estaría facilitando el asunto a los demasiado permisivos.
Muy poco ayudan al respecto el discurso puritano y las invitaciones a concientizarnos moralmente. Reconozcamos "honestamente" que no se salva nadie y que simplemente es cuestión de que el sistema nos vigile mejor y nos lo ponga más difícil.
La autora es economista y empresaria.
El poder de lo que esperamos
Por Regina del Río
Los psicólogos destacan todo el tiempo el poder de nuestras expectativas. Lo que esperamos cambia la manera en que percibimos lo que experimentamos. Si creemos que algo va a ser bueno, será bueno. Y visceversa.
Tanto afectan las expectativas a nuestras vidas, que hay algunos enfermos que se curan después de tomar un placebo. Y pocos reconocerían a un violinista mediocre infiltrado en la orquesta del Carnegie Hall, o a una gloria de la música tocando en la acera.
Existe un experimento muy interesante al respecto: a un grupo de asiduos consumidores de cerveza se les dijo que se le había echado un poco de vinagre. A otro grupo, no se le informó. Los informados detestaron la cerveza y los no informados la encontraron igual de buena.
Es como si la percepción se estableciera de antemano en nuestro cerebro y nos nublara el entendimiento.
Los economistas toman muy en cuenta todo este asunto de "lo que la gente cree que va a ocurrir" en sus políticas y predicciones.
Saben, por ejemplo, que si todo el mundo piensa que el peso se va a devaluar, todos correrán a comprar dólares, provocando que efectivamente se devalúe. Entonces dirán: "teníamos razón, mira como se devaluó".
De igual forma ocurre con las crisis bancarias. Si creemos que un banco va a quebrar, nos precipitamos a sacar nuestro dinero para no llegar de último y quedar enganchado. El banco no tiene cómo pagar a todos los ahorrantes, y en verdad quiebra. Ni la institución financiera más sólida sobrevive a una crisis de este tipo.
Esto puede pasar aún si no hay nada que explique significativamente la devalución o la quiebra. Los economistas le ponen el nombre de "expectativas autocumplidas".
De ahí la importancia que le dan a inspirar confianza y credibilidad. No sólo aconsejan a las autoridades que sean disciplinadas en sus políticas, sino que cuiden la imagen que proyectan y la forma en que dicen las cosas. !Y que hablen poco! No vaya a ser que la gente malinterprete discursitos estridentes o comentarios impulsivos, y el caos ocurra.
La autora es economista y empresaria
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