domingo, 24 de agosto de 2025

Mercado en peligro

 Mercado en peligro

Por Regina del Río


Cuando se pronuncia la palabra “mercado”, suelen escucharse al mismo tiempo otras como crueldad, desprecio, injusticia, materialismo, egoísmo, codicia…


Políticos, religiosos, artistas, intelectuales…hasta los “famosos influencers” (con su sobreexposición en redes), nos han vendido la idea de que el mercado es una especie de jungla salvaje, donde un grupo de avariciosos abusa de un grupo de ingenuos indefensos.


La mayoría de la gente suele creerles.


Sin embargo, bastaría salirse un poco del discurso insustancial, que todo el mundo repite (porque queda bien), y simplemente observar ciertas cosas de la vida real:


  • En ninguna selva (ni del Amazonas, ni del Congo…ni de ningún otro lado) hay capitalismo, ni mercado, ni empresas, ni industrias…El mercado solo puede funcionar en un ambiente donde imperen el orden y la seguridad. Así que de salvaje nada.
  • No existe una sola tienda que te meta preso o te ponga una pistola para que le compres lo que vende. Si le compras es porque te gusta o te conviene lo que ofrece. Solo así se sobrevive en el mercado, satisfaciendo la necesidad del que compra. Desde el Estado en cambio, te multan o encarcelan si no le pagas lo que dice que debes pagarle. Aunque estés muy inconforme con los servicios que ofrece.
  • El trato que recibes en las tiendas es siempre superior al que recibes en las oficinas públicas. Mucho más amable y considerado. Mucho más respetuoso de tu tiempo.
  • Si bien es cierto que en los países donde se deja funcionar el libre mercado hay más desigualdad (que es inevitable porque nos diferencian nuestros talentos y nuestras circunstancias), también es cierto que solo en esos países los pobres mejoran su situación y prosperan. A diferencia de donde esa libertad está suprimida, y no hay tanta desigualdad, pero todo el mundo es igual de pobre. Un viaje a Cuba lo ilustra a la perfección.
  • El mercado es la sociedad misma (y no un club exclusivo de ricos poderosos), porque es el marco donde los individuos que la componen interactúan entre sí a través de transacciones. Entre esos individuos está el riquísimo dueño de Zara (que era pobre y gracias a su esfuerzo y su inteligencia, y a la existencia de un mercado libre, llegó a donde está), pero también sus empleados y clientes, la mayoría de clase media. Están los dueños de colmados, salones, reposterías, gimnasios, talleres de mecánicos, así como un ejército de profesionales independientes (consultores, plomeros, maquillistas, personal trainers…). Y están además los obreros que venden su mano de obra y su tiempo. La inmensa mayoría, ciudadanos comunes que salen cada día a buscar su sustento.


¿Es el mercado una institución angelical, divina, o perfecta? Nada humano lo es. Pero las veces que se interviene para corregir sus imperfecciones, lo que suele lograrse es mucho peor.


Como consecuencia de su demonización, al Estado se le ha dado permiso de ir metiéndose y creciendo excesivamente, en detrimento de los derechos y las libertades de sus ciudadanos.


Y si bien es cierto que todavía no se trata de ese agresivísimo Estado “comunista” (que tan nefastas consecuencias ha traído donde se ha instalado), sí se trata de un adversario muy peligroso, porque es sutil e invade gradualmente, y porque se disfraza de intenciones bellas (inalcanzables e insostenibles, pero esto se descubre cuando ya es tarde).


Se trata de un Estado “supuestamente benefactor”, amparado en democracia, que admite la presencia del mercado, pero que lo condiciona cada vez más, y que poco a poco, y a paso firme…lo va desplazando.


La autora es economista y empresaria 

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