Empeorando lo que ya está mal
Por Regina del Río
La intervención del Estado, por más bien intencionada (y hasta reclamada por el pueblo) que sea, puede empeorar lo que pretendía arreglar. Y mucho.
Esto sucede porque se confunde lo que se desea con lo que es factible, y se pasa por alto el sistema de incentivos. Las intenciones, por buenas que sean, suelen olvidarse de lo que motiva a la gente a actuar de cierta manera.
Los siguientes ejemplos lo ilustran muy bien:
- Los alimentos están caros, y para que la gente no pase hambre se prohíbe vender a más allá de un monto. Entonces los productores no pueden cubrir sus costos y dejan de producir (porque nadie trabaja para perder). Como resultado, la comida no aparece, ni cara ni barata. Lo mismo ha pasado con otros controles de precios a lo largo de la historia. El de la vivienda es uno de los más frecuentes.
- Como hay tantos necesitados, se instala un Estado paternalista, que garantiza educación, salud y ayudas gratuitas. A la larga, la situación de esos necesitados empeora. Primero porque “que te den todo gratis simplemente porque existes”, los motiva a no esforzarse. Se crea pues una cultura de merecimiento sin responsabilidad, que los perpetúa en la pobreza. Segundo, porque se convierten en un barril sin fondo para las arcas del Estado, y en un motivo de indignación para el contribuyente que los mantiene.
- La droga hace mucho daño a la salud física y emocional de la gente. El gobierno prohíbe su uso y su venta. Y esto se aplaude. Pero al final, el drogadicto va a buscar la manera de consumir (como lo hacían los que bebían alcohol durante su prohibición), y el elevado precio que resulta del hecho de que sea prohibida contribuye a enriquecer copiosamente a los que se meten a traficarla: individuos de la peor calaña que terminan siendo magnates con más poder que los propios gobernantes. Y todo esto propicia el crecimiento de un ambiente cada vez más corrupto y violento. La prohibición de las drogas termina siendo peor que las drogas en sí.
La mayoría de las veces que el Estado interviene empeora lo que ya estaba mal. Evitarlo (o al menos minimizarlo) está en manos de los políticos en cada gobierno de turno.
Lamentablemente, mientras menos lo eviten, más poder e influencia tienen. Y mejor les va.
La autora es economista y empresaria
No hay comentarios:
Publicar un comentario