jueves, 23 de octubre de 2025

Trampa democrática

 Trampa democrática 

Por Regina del Río 


Se define como democracia la forma de organización social que otorga el poder al pueblo, a través de su voto. “Gobierno de la multitud”…decía Platón.


Conviene aclarar que cuando se inventó, en la antigua Grecia, apenas el 25 pc de los habitantes era considerado “ciudadano apto para votar”. Porque no calificaban ni los esclavos, ni las mujeres, ni los extranjeros. 


O sea que solo votaba una especie de “élite con nivel”. Más o menos como lo hace hoy el Vaticano, donde solo votan los cardenales. Ni los sacerdotes, ni los párrocos, ni siquiera los obispos. Y mucho menos las monjas y los feligreses.


Hoy día es inconcebible hablar de democracia sin que implique sufragio universal. Esto es, todo el mundo vota, y todos los votos valen lo mismo.


Da igual que seas analfabeto, bobo o medio trastornado, que seas mecánico, médico o doctor en economía, que seas religioso o ateo, que seas un joven ingenuo o un hombre con experiencia, que seas un viejo resentido o una mujer medio histérica, que consumas drogas o que seas abstemio, que hayas devorado las obras de los clásicos o que en tu vida hayas abierto un libro, que tengas sentido común, o que no lo tengas…tu voto se cuenta como el de los demás.


Muchos grandes pensadores advirtieron sobre el peligro de que todo el mundo pudiera votar. Porque la masa o mayoría suele ser ingenua, y no entiende bien las implicaciones de su elección. Entonces se abren las puertas a la demagogia, y a que mentes astutas la engañen con promesas imposibles de cumplir. 


El primer engaño empieza por el concepto de democracia per se, “poder para el pueblo”. Porque el pueblo jamás ha tenido ni tendrá el poder. Pero hacérselo creer les encanta a los populistas (o sea a todos los políticos) y por eso no se quitan la palabrita “democracia” de la boca, a manera de mantra manipulador.


Como es más fácil engañar a gente no cultivada y sin espíritu crítico, los que quieren el poder están encantados con que la mayoría lo sea. Y a través de las instituciones públicas y los medios de comunicación le lavan el cerebro para llevarla a donde les conviene.


La muchedumbre inculta y ciega termina poniéndolos a gobernar, porque se deja endulzar los oídos con cosas que gente pensante jamás compraría: “por el mero hecho de existir te vamos a dar tu vivienda y tus hijos recibirán la mejor educación, serás igual que los ricos, tendrás empleo seguro y una salud envidiable, te protegeremos de la delincuencia y de todo tipo de abusos, estamos aquí para cuando nos necesites, te liberaremos del yugo opresor de quien te explota” y tantas otras falsedades.


Esta debilidad racional de la masa permitió que subieran al poder gente como Hitler, Chávez, y ahora el bobo de Boric en Chile… Los pensantes que vieron claro y advirtieron sobre lo que se avecinaba en sus países con esta gente no tuvieron más remedio que resignarse y pagar las consecuencias de lo que el voto de la mayorīa les impuso. 


Otro fallo del régimen democrático es que incentiva a que se gobierne, no como estadistas, pensando en la prosperidad a largo plazo, sino para ser populares y ganar las próximas elecciones. Reformas imprescindibles para el progreso como reducir el Estado y sus tantas instituciones inservibles, disminuir la asistencia social (o fábrica de mendigos), eliminar subsidios, desmantelar sindicatos (o grupo de agitadores), privatizar servicios públicos (la mayoría de ellos malos porque están entorpecidos por la tanta burocracia)…se postergan porque demasiada gente se ofende y cuestan votos.


Aun así se entiende que la democracia es el menos malo de los sistemas. Pero observando que a pesar de la desastrosa situación de Cuba, Argentina y Venezuela, Latinoamérica se empeña en girar a la izquierda, porque la masa es genuinamente incapaz de identificar las causas del porqué sus vecinos son cada día más pobres, cabría preguntarse seriamente si no es hora ya de inventarse otra cosa que la sustituya.


Aristóteles decía que la esperanza era el sueño de los despiertos. Quizá algún día surja algo mejor.


La autora es economista y empresaria

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