jueves, 23 de octubre de 2025

Honor a quien honor merece

 Honor a quien honor merece

 Por Regina del Río 


Hace justo un año escribí el artículo “Peligrosa colaboración” que hoy vuelvo a publicar más abajo, con el objetivo de hacer un merecido reconocimiento. Por primera vez en la historia reciente de nuestro país hay quienes se atreven a hacer algo en apoyo a lo que denuncio en el mismo.


El Señor Presidente Luis Abinader Corona está sentando un precedente de decencia al permitir a las Señoras Miriam Germån y Yeny Berenice Reynoso desentrañar las asociaciones abusadoras y presumiblemente ilīcitas entre políticos y empresarios amigos. 


Los hallazgos de la investigación del Ministerio Püblico que se han denunciado en el caso Medusa constituyen una estafa mucho peor y más vergonzosa de lo que nadie jamás imaginó. Una burla atroz para todo aquél que se levanta todas las mañanas a trabajar honradamente. 


No quería dejar pasar la oportunidad de felicitar tanta gallardía, porque es mucho lo que están arriesgando estas personas.


La sociedad se enorgullece, al mismo tiempo que espera que las asociaciones de influencia (incluyendo las religiosas) y las nuevas promesas de la política, que se venden como sangre nueva en sus partidos, se pronuncien en apoyo unísono a esta gesta quasi heroica, que podría marcar el principio de un paīs más justo, donde el mérito y la capacidad de aportar a la sociedad sean lo que valga y coseche. Y no la viveza de encompincharse con el poder de turno para enriquecerse mucho, rápido, a toda costa y sin honor.


Dios los ayude y proteja.


“Peligrosa Colaboración 


Cada vez que se habla en los medios de la “estrecha colaboración entre el sector público y el sector privado”, el ciudadano común (o sea la mayoría de los habitantes de un país) debería ponerse a temblar.


Porque de lo que se trata casi siempre no es de la contribución de dos sectores para mejorar la nación, sino del compinche (para hacer negocios) entre un grupo de políticos y un grupo de empresarios, que probablemente se conocen de toda la vida. Y si no se conocían, pues que estuvieron muy dispuestos a convertirse en “amigos”.


Unos ponen el poder para legislar “a favor” y el dinero de los contribuyentes. Los otros, las ideas y los equipos. Combinación perfecta que garantiza el éxito de la “colaboración” y que saca del escenario al que no “le llega” a la amistad.


Esto se llama “capitalismo de amiguetes” y no es más que una competencia desleal hacia otros empresarios. Porque envuelve también que desde el poder, el político favorezca a su “socio”, librándolo de competir con otros a través de subvenciones y privilegios.


Todo esto en detrimento del pueblo.


El Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, reconoció que este tipo de “asociación colaboradora” fue responsable de la gran crisis asiática a finales de los 90. Y eso que es un economista que confía mucho en la intervención estatal.


En República Dominicana tenemos dos recientes casos que han hecho mucho ruido: sector público y privado “unidos” para dejarle a la comunidad una cárcel y una carretera. Ambos proyectos fueron aprobados, a un costo inconcebible, por el poder de turno. Ambos fueron ejecutados en lo que de verdad costaron, y la enorme diferencia, parece que se la repartieron entre los unos y los otros.


Da igual si se confirma o no, da igual si se castigan o no los implicados. Porque al final, al contribuyente no le quedará más remedio que pagar de su bolsillo el vergonzoso desperdicio.


La única colaboración honesta que el sector público debería ofrecerle al privado (es decir, a todos los ciudadanos comunes) sería dejarlos trabajar en paz y bajarles los impuestos y las tantas otras cargas que los asfixian diariamente.


Cualquier otra “pretensión de ayudarlos”, en sociedad con otros, no es más que un pretexto sospechoso. Debería estar prohibida y no estarse vendiendo y aplaudiendo como la gran cosa”.”


La autora es economista y empresaria

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