Por Regina del Río
El pensamiento único de izquierda es una ideología cerrada, que no admite oposición ni cuestionamiento, y se vende como moralmente superior.
Algunos ejemplos interesantes de esta forma de ver el mundo son los siguientes:
- “Que te tilden de fascista es un insulto. De comunista, un honor”. ¡Vaya...!
- “Portar armas debe estar prohibido porque es propio de una sociedad violenta y atrasada”. El resultado es que los criminales andan armados, y el ciudadano común no puede defenderse.
- “Israel es el enemigo a quien recelar” (a los terroristas palestinos o de la ETA se le buscan circunstancias atenuantes).
- “La riqueza de unos se logra a costa de la explotación e infelicidad de otros”, como si no se pudiera crear riqueza haciendo que esos otros también prosperen.
- “Los animales son iguales, y hasta superiores, al ser humano, y no se debe experimentar con ellos” (aunque gracias a esos experimentos se haya logrado aliviar el dolor insoportable de millones de enfermos).
- “Si existen mendigos es porque el malvado sistema los excluye”...en ningún momento se contempla que se trate de enfermos mentales, alcoholicos o drogadictos. La represión social es la culpable; la irresponsabilidad individual jamás.
- “Todos los negros dicen ser víctimas de racismo. Y si dicen que no lo sienten así es porque sus opresores les han lavado el cerebro”.
- “El trabajo infantil es un invento del capitalismo”. Pero lo cierto es que gracias al capitalismo millones de niños pudieron dejar de trabajar e ir a la escuela. Y en muchos de los lugares pobres en los que obligaron a las multinacionales a no contratarlos, pasaron a trabajar en peores condiciones en el campo o la marginalidad urbana.
- “Hombres y mujeres deben ganar lo mismo”. Pero en una valiente intervención ante la prensa, un joven tenista tuvo el valor de contradecir ese cliché y dijo: los tenistas ganan más que las tenistas, como las modelos ganan más que los modelos (y nadie osa cuestionarlo). Simplemente tienen más seguidores y movilizan más público. Unos merecen más, otros merecen menos, y según la calidad de su trabajo y su capacidad de vender y generar deben ganar. No porque sean hombres o mujeres.
¡Bravo Rafa Nadal! No solo eres un gran deportista, sino que tienes, además, el cerebro muy bien amueblado.
La autora es economista y empresaria

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