miércoles, 13 de octubre de 2021

Agenda globalista

 


Por Regina del Río


En su libro Un mundo que cambia, el historiador y teólogo César Vidal nos advierte sobre una especie de conspiración contra la humanidad que tiene agendada un grupo de poderosos.


Este grupo quiere someter al mundo a un “nuevo orden”, donde no existirían las naciones como entidades independientes, con sus respectivas culturas. Se les despojaría de su soberanía y de sus recursos (muchas ya están hipotecadas porque “todo lo deben”), y pasarían a ser protectorados bajo un solo gobierno global.


Se instalaría además una política antifamilia para reducir drásticamente la población (estos poderosos entienden que “mucha gente sobra”).


Todo esto va estrechamente vinculado a la imposición de lo siguiente:


-la ideología de género, la legalización de las drogas, el aborto y la eutanasia (herramiantas estas muy efectivas para que nazcan menos personas y quitar a otras del medio).


-la inmigración ilegal y masiva (que empobrece a las naciones más civilizadas y destruye sus cimientos culturales).


-la tesis del calentamiento global (que les viene como anillo al dedo, porque con el pretexto de que “el mundo se va a acabar”,  pueden meter la mano en nuestros bolsillos y coartar nuestras libertades).


A través de un adoctrinamiento magistral en instituciones educativas y de un constante bombardeo en la prensa, estos poderosos han logrado que sea prácticamente imposible cuestionar los fundamentos de todas estas imposiciones, porque inmediatamente eres tildado de insensible, radical o racista.


Entre ellos se destaca muy particularmente George Soros, judío multimillonario graduado de London School of Economics, que reconoció públicamente haber colaborado con los nazis cuando estaban haciendo las deportaciones a Auchswitz, y que  “no se sintió culpable”. También están los Rockefeller, el Papa Francisco, la ONU…entre muchos otros.


Los políticos (compinches) que colaboran con ellos van desde la extrema izquierda a la extrema derecha, pasando por los secesionistas. Porque no se trata de izquierda ni de derecha, sino de poder global. Esto es simplemente “otra cosa”…


¿Es exagerado el Sr Vidal? ¿O realmente hay razones para volvernos paranoicos?


La autora es economista y empresaria

Hillary Clinton

 


Por Regina del Río


Hillary Clinton es una abogada, politóloga y conferencista estadounidense que casi gana las elecciones de su país en el 2016 (pudo haber sido la primera mujer en lograrlo).


Ha ocupado los cargos de Secretaria de Estado, Senadora de Nueva York y Primera Dama (y no cualquier Primera Dama, porque fue la primera en llegar con posgrado universitario y con una importante trayectoria profesional).


Se distinguen sus luchas para obligar a los empleadores a cubrir los gastos de salud de sus empleados, garantizar un seguro médico a todos los niños, convencer a las mujeres de hacerse mamografías, y evitar la violencia de género y la discriminación en países islámicos (esto último, de forma sumamente cautelosa, claro). 


Ganó un Grammy por la versión hablada de un libro que escribió. Y apoyó la acción militar en Afganistán y la guerra con Irak.


Sigue casada con el ex presidente Bill Clinton, a pesar de sus escandalosas infidelidades. Su estoicismo en el manejo de una de ellas (sobreponiendo su amor por él y su complicidad profesional a su rabia) contribuyó a aumentar su popularidad.  Sus oponentes, sin embargo, estaban convencidos de que su “amorosa lealtad” no era más que un gran interés por seguir escalando en la política. De hecho, lo logró.


Ahora mismo no desempeña ningún cargo público y está muy involucrada en las actividades “humanitarias” de la Fundación Clinton, a la que también pertenecen su marido y su hija. 


Tanto ahora como antes, su paso por cualquier oficina ha despertado suspicacia, y se la ha investigado muchas veces. 


En 1993, por ejemplo, su marido y ella se libraron a duras penas de ser sometidos por presionar a que se les diera un préstamo ilegal (esto se conoce como la controversia whitewater). 


Cuando era Secretaria de Estado borró 33 mil emails, que la hubiesen podido implicar en el tráfico ilegal de armas. Y se le acusó de usar su poder para recibir donaciones para su Fundación.


También se dice que desde esa Fundación le ha lavado el dinero a los dictadores comunistas Castro y Chávez, y a otros delincuentes de Latinoamérica como los Kirchner, Lula, y los miembros de las FARC. Y que ha llevado a cabo negocios ilícitos (y muy lucrativos) en Haití, disfrazados de intenciones altruistas.


Los conservadores (y muchos otros que no son tan conservadores pero usan su sentido común) la repudian de mala manera por haber promovido el aborto (o más bien asesinato) a los 9 meses de gestación.


Parece que los adversarios de esta señora (aquellos que la tildaron de calculadora y maquiavélica cuando “perdonó” al marido para salirse con la suya en el ámbito político) no estaban muy lejos de lo cierto.


La autora es economista y empresaria

Solo los de izquierda califican

 


Por Regina del Río


La ideología izquierdista se mercadea poderosamente a través de artistas de toda índole. Porque ha logrado convencerlos de que solo califican para ser contratados o alabados, si adoptan su discurso. 


Tan intimidante es esta manipulación, que entonces encontramos gente que es buena cantando o actuando (pero que en su vida ha leído un libro de economía), opinando (e influenciando) sobre política económica.


Todos alineados para “pertenecer”, y ganar premios, que ya no les dan prioridad a las actuaciones magistrales, sino a que tu papel contribuya a la causa, o a que tus opiniones públicas vayan en contra del candidato de derecha.


Muchos han pagado el precio de atreverse a decir lo que a la izquierda le molesta oír. Joan Báez, por ejemplo, comenzó a declinar como cantante, no porque la voz le fallara, sino porque se le ocurrió criticar las atrocidades del régimen comunista en Hanoi. (Y eso, que ella era comunista, y vivía en Estados Unidos).


O como la bellísima Bo Derek, amenazada de no conseguir trabajo si no callaba sus simpatías por el Partido Republicano.


Otros han caído en la lambisconería más absurda, como Simone de Beauvoir cuando alabó a China (en los momentos más brutales de Mao), y se escandalizó con la innecesaria abundancia de productos en los supermercados americanos. 


O como muchos que han ido a estrechar la mano de Fidel (Jane Fonda, Robert Redford, Leonardo Di Caprio) o alabado a Chávez, (Sean Penn hasta lloró cuando se murió). Pero claro, ninguno vive en los paraísos de esos líderes, y lo que ganan, que es mucho, lo ganan gracias al libre mercado que tanto les ofende.


Este monopolio izquierdista no solo se da en el arte, sino también en el mundo intelectual. Así pues, Jorge Luis Borges no ganó el Premio Nobel por ser simpatizante de dictaduras de derecha, pero el que Gabriel García Márquez defendiese al dictador cubano, en total irrespeto al oprimido pueblo, no le impidió recibir el máximo galardón en Literatura. 


Como tampoco se lo impidió a Neruda, el que dedicara un poema a Stalin, asesino de millones de trabajadores. Ni a Darío Fo, el que diera a entender que los crímenes del 11 de septiembre eran culpa de las víctimas, por pertenecer a un sistema violento y especulador. 


Entonces pues, si quieres triunfar en el mundo artístico o intelectual, doblégate y sé un papagayo de la izquierda. Más te vale declararte bipolar o drogadicto que confesar que eres conservador, heterosexual o pro libre mercado. Por bien que actúes, cantes o escribas, no irás para ningún lado.


La autora es economista y empresaria

Amancio Ortega

 


Por Regina del Río 


Amancio Ortega es un multimillonario español (criado entre el País Vasco y Galicia), que ha dedicado su vida al sector textil. Su logro más famoso es la cadena de tiendas Zara, tan exitosa que es un caso de estudio en las más prestigiosas escuelas de negocios.


Tiene 84 años y su patrimonio alcanzó la cifra de casi 80000 millones de dólares en el año 2019. 


Viene de abajo. Su padre era jefe de estación en Guipúzcuoa. Y él comenzó a trabajar a los 14 años en una tienda de ropa 


Los puritanos de esta época hubieran denunciado a esa tienda por “explotación infantil”. Sin embargo, allí aprendió, como el gran observador que era. 


Tiempo después funda su propio negocio, cuya filosofía era no solo ser vendedor de ropa, sino también fabricante y distribuidor. Y así fue creciendo y expandiéndose internacionalmente hasta convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo (en un momento llegó a superar la fortuna de Bill Gates).


En el 2001 comienza su labor filantrópica desde la Fundación que lleva su nombre, y se ha distinguido por donar fuertes sumas de dinero a la sanidad y la asistencia social. Solo en el 2017 donó 320 millones de euros a la lucha contra el cáncer.


Amancio Ortega irrita a sindicalistas y populistas. Porque es un trabajador que desde cero y a fuerza de mucho sacrificio y buenas ideas llegó a convertirse en lo que es hoy día. 


Esto los saca de quicio, porque les desmonta la tesis que tanto pregonan de que el pobre no puede crear riqueza y se queda pobre porque el rico lo explota. ¿Y entonces?


Para colmo ayuda, y mucho. Pero con lo suyo, no como pretenden aquellos. Quitándoselo a otros.


La autora es economista y empresaria 

Black lives matter

 


Por Regina del Río


El movimiento afroamericano BLM (“Las vidas de los negros importan”) surgió en el 2013 cuando dejaron libre a un blanco después de haber matado a un adolescente negro.


En sus inicios nació como una campaña en las redes, pero luego fue haciéndose notar en rallys, manifestaciones y protestas, cada vez que un policía mataba a un negro. La más reciente y sonora de estas manifestaciones (ante la muerte de George Floyd) provocó violentos disturbios.


Algunos de sus eslóganes más famosos son: “Manos arriba, no disparen”; “No puedo respirar”; “¿Mi hijo es el siguiente?”; “El silencio blanco es violencia”.


Además de identificarse con negros asesinados por blancos, BLM dice apoyar a los negros homosexuales, transgéneros, indocumentados, discapacitados (supuestamente usados para experimentos), con antecedentes y presos.


Los demócratas apoyan este movimiento...los republicanos recelan el poder que quieren quitarle al orden policial y lo califican como un grupo de odio.


(Cualquiera creería entonces que los demócratas no son racistas, y los republicanos sí. Sin embargo, fueron los republicanos los que más votaron por el Civil Rights Act de 1964).


Indiscutiblemente la comunidad negra no ha sido tratada igual que la blanca en la sociedad americana. Y ha habido casos vergonzosos de injusticia basados en el prejuicio racial.


No obstante, no a todos los negros les gustan estas cosas. Thomas Sowell, por ejemplo, está convencido que el racismo no lo es tanto, y que lo mantienen conectado a un respirador artificial grupos como estos (“estafadores raciales”) para fomentar el resentimiento de las minorías con fines políticos. (Sowell creció en Harlem, es uno de los economistas más brillantes de esta época y miembro distinguido de la Universidad de Standford).


BLM ha sido denunciado además como una organización comunista. Su fundadora (Opal Tometi) es de hecho una marxista declarada que en uno de sus discursos alabó a Chávez y calificó a la revolución bolivariana como la “campeona de la democracia participativa”.


Sus seguidores están tan dispuestos a creerle que aplaudieron al racista de Fidel Castro, “por haber abierto un espacio a la labor espiritual de los africanos”. 


Parece que los que los dirigen desde atrás no les informaron que Fidel fue el mayor represor y torturador de presos políticos negros del mundo occidental.


¡Qué papelazo!


La autora es economista y empresaria

Salvador Allende

 


Por Regina Del Río 


Salvador Allende fue el primer marxista en el mundo en llegar al poder, a través del sufragio electoral, en un Estado de derecho. Lo logró con un 36 pc de los votos y gobernó Chile desde 1970 hasta el día de su muerte.


Allende nacionalizó el cobre, usurpó los beneficios de las mineras que lo extraían (entendiendo que eran “demasiado altos”), estatizó las principales actividades económicas (expropiando miles de tierras e industrias e incentivando el enfrentamiento violento entre campesinos y terratenientes),

congeló los precios y aumentó los salarios con dinero inorgánico (parece que creía que imprimir dinero era lo mismo que crear riqueza).


Como consecuencia de esas medidas, Chile cayó en una profunda crisis. Hasta el azúcar y la harina escaseaban (y esto provocó marchas de cacerolazos y mucha violencia callejera). La inflación fue la más alta en toda su historia, y el poder adquisitivo de sus ciudadanos se desplomó de manera estrepitosa. 


Ni siquiera Rusia confió en su desempeño, y no le prestó el dinero que él esperaba (a China, sí).


Allende no solo fue torpe e ingenuo en cuanto a su política económica, sino que desobedeció a la Suprema Corte de Justicia, cuando le exigió que devolviera los bienes expropiados a sus legítimos dueños. Sus partidarios tildaban de “viejos de mierda” a los jueces.


Quiso además cambiar la educación, para adoctrinar a los jóvenes y convertirlos en “hombres nuevos” (comunistas, claro).


Y se atrevió a verbalizar lo siguiente: “la objetividad no debería existir en el periodismo...su deber supremo no es servir a la verdad, sino a la revolución”. Clausuró periódicos, encarceló periodistas (permitiendo que se les flagelara), y difamó a adversarios políticos.


¡Vaya con el demócrata!


Esta desastrosa situación motivó un golpe de Estado militar, que lo tumbó tres años antes de que acabase su mandato.


En medio de los bombardeos a la casa presidencial, Allende se suicida, y Augusto Pinochet, encabezando una dictadura militar, gobierna su país por 16 años.


Pinochet le roba el poder a través de medios inconstitucionales , sangrientos e incorrectos. Y esto siempre generó una crítica generalizada.


Lo insólito es que no se criticara también a Allende (a quien todos califican como un pobre mártir, defensor de libertades). Que no se diga lo que en realidad fue: un pésimo gobernante, que cometió grandes abusos inconstitucionales y grandes desaciertos económicos.


Y que tampoco se diga que, bajo su mandato, Chile se encaminaba a pasos agigantados a ser otra Cuba. ¡Menos mal para los chilenos, que se libraron de eso!


La autora es economista y empresaria 

Ernesto Guevara


Por Regina del Río


Ernesto “Che” Guevara fue un médico argentino que se dedicó a la política para defender la revolución cubana. Le encantaba la poesía de Neruda y le tenía un odio enfermizo a Estados Unidos y sus pulpos capitalistas.


Ayudó a Fidel Castro a derrocar a Batista, y se destacó por la dureza y la frialdad con la que mataba para lograr sus propósitos: les abría el vientre con su bayoneta a quienes apresaba y se comportaba como un psicópata.


Decía que no necesitaba pruebas en un juicio (“puras minucias burguesas”), porque la convicción revolucionaria era suficiente para asesinar.


Como funcionario del régimen de Fidel se caracterizó por ser austero (no llevaba a su mujer de viaje y obligó a sus padres a pagar su gasolina cuando fueron a visitarlo). Promovió la eliminación del latifundio y la creación del hombre nuevo, que se olvidara de sus intereses en favor de la comunidad. Él mismo hacía trabajo voluntario como obrero para dar el ejemplo. 


Nada de esto le sirvió para evitar que bajo su dirección la economía cubana colapsara.


Convencido de que había que extender la revolución, se desliga de sus funciones en Cuba y se dedica a instalar focos de guerrillas en otros países del tercer mundo. Muchos de ellos se convirtieron en movimientos terroristas.


No le importaba morir con tal de lograr sus sueños y así adoctrinaba a sus soldados : “Imagínense que ya están muertos y vivan lo que les queda como un préstamo”.


Con la intervención de la CIA lo asesinan en Bolivia en 1967 (Estados Unidos no estaba dispuesto a aceptar otra Cuba en el Continente). Sus restos fueron sepultados en Cuba 30 años después, y honrados como “símbolo de las mejores banderas”.


Muchos de los que llevan una camiseta con su emblemática foto son homosexuales o cristianos que no tienen ni idea que el Che los detestaba y disfrutaba fusilándolos por sus creencias e inclinaciones. 


Para colmo se dice que es una especie de santo para los indios en Bolivia. Pero fueron ellos mismos los que revelaron su escondite para que lo mataran.


La autora es economista y empresaria 

Pensamiento único

 


Por Regina del Río


El pensamiento único de izquierda es una ideología cerrada, que no admite oposición ni cuestionamiento, y se vende como moralmente superior.


Algunos ejemplos interesantes de esta forma de ver el mundo son los siguientes:


  • “Que te tilden de fascista es un insulto. De comunista, un honor”. ¡Vaya...!


  • “Portar armas debe estar prohibido porque es propio de una sociedad violenta y atrasada”. El resultado es que los criminales andan armados, y el ciudadano común no puede defenderse. 


  • “Israel es el enemigo a quien recelar” (a los terroristas palestinos o de la ETA se le buscan circunstancias atenuantes).


  • “La riqueza de unos se logra a costa de la explotación e infelicidad de otros”, como si no se pudiera crear riqueza haciendo que esos otros también prosperen.


  • “Los animales son iguales, y hasta superiores, al ser humano, y no se debe experimentar con ellos” (aunque gracias a esos experimentos se haya logrado aliviar el dolor insoportable de millones de enfermos).


  • “Si existen mendigos es porque el malvado sistema los excluye”...en ningún momento se contempla que se trate de enfermos mentales, alcoholicos o drogadictos. La represión social es la culpable; la irresponsabilidad individual jamás.


  • “Todos los negros dicen ser víctimas de racismo. Y si dicen que no lo sienten así es porque sus opresores les han lavado el cerebro”.


  • “El trabajo infantil es un invento del capitalismo”. Pero lo cierto es que gracias al capitalismo millones de niños pudieron dejar de trabajar e ir a la escuela. Y en muchos de los lugares pobres en los que obligaron a las multinacionales a no contratarlos, pasaron a trabajar en peores condiciones en el campo o la marginalidad urbana.


  • “Hombres y mujeres deben ganar lo mismo”. Pero en una valiente intervención ante la prensa, un joven tenista tuvo el valor de contradecir ese cliché y dijo: los tenistas ganan más que las tenistas, como las modelos ganan más que los modelos (y nadie osa cuestionarlo). Simplemente tienen más seguidores y movilizan más público. Unos merecen más, otros merecen menos, y según la calidad de su trabajo y su capacidad de vender y generar deben ganar. No porque sean hombres o mujeres. 


¡Bravo Rafa Nadal! No solo eres un gran deportista, sino que tienes, además, el cerebro muy bien amueblado.


La autora es economista y empresaria

Sobre derechos y necesidades


Por Regina del Río


En su libro Cómo hablar con un conservador, Gloria Álvarez nos invita a reflexionar sobre las diferencias entre necesidades y derechos.


Esta politóloga guatemalteca cree firmemente que los seres humanos tenemos tres derechos, y solo tres: el derecho a vivir, el derecho a ser libre y el derecho a la propiedad (o sea, a poseer los frutos de nuestro propio esfuerzo). 


Estos derechos se califican de inalienables, porque nadie tiene que renunciar a ellos, para que se respeten los tuyos. Nadie debe morir, para que tú estés vivo, ni privarse de su propiedad para que tú tengas “lo tuyo”. 


En cuanto a la libertad, eres libre para vivir como quieras, siempre y cuando respetes esa misma libertad en otros. Puedes ser heterosexual, no divorciarte jamás, pase lo que pase, ir todos los domingos a misa...pero no tienes el derecho a obligar a que otros vivan de esa manera. Y esa libertad va irremediablemente acompañada de que seas responsable por las consecuencias de tus decisiones. 


Esos son los tres derechos que debería defender cualquier sistema. El problema es que se entiende que hay muchos más porque se ha confundido derechos con necesidades. 


Y se ha dicho: “por el mero hecho de haber nacido (aunque mis padres sean insensatos sin recursos) merezco recibir educación, alimentación, medicinas, que me enseñen a tocar el violín y que me protejan si mi marido me pega. Como he venido al mundo sin las condiciones para recibir todo esto...alguien más está obligado a pagármelo”. Vaya...


Es esta la mentalidad que predomina. Una mentalidad que le ha dado permiso al sistema (o Estado recaudador) a violarle sus derechos a un grupo, porque otro tiene necesidades.


En todo esto ha quedado desterrado el concepto de responsabilidad (“si tienes hijos debes mantenerlos”) que jamás se menciona...Lo que interesa es seguir mercadeando el merecimiento, y que esa responsabilidad se deposite en “otros”. 


De esta manera siguen apareciendo pretextos (disfrazados de necesidades) para que el poder de turno usurpe a través de la recaudación el dinero de otros y que se endeude hasta el colapso (total...esa deuda no la paga quien la contrae).


Detrás de todo, la verdadera motivación: quedarse con una buena parte de la repartición.


Las generaciones futuras no podrán con tanta carga. La actual ya siente desesperadamente su peso.


La autora es economista y empresaria 




Victimismo progresista

 


Por Regina del Río


La mentalidad progresista que predomina en el mundo moderno está íntimamente asociada al victimismo: ese “nunca ser responsable de nada”, porque todo es culpa de otro, y ese “sentirse permanentemente ofendido”.


Si eres pobre, es porque los ricos te han explotado, y todo un sistema los beneficia en tu contra.


Si el planeta donde vives tiene desgaste ecológico, es porque esos mismos ricos lo han contaminado con sus industrias y alentado un consumismo excesivo.


Si eres mujer y no ocupas un puesto importante, la culpa es de un mercado laboral que favorece a los malvados hombres (esos a los que se les tiene prohibido ya hasta echar un piropo). Jamás se te ocurre pensar que a lo mejor no calificas y deberías preparte mejor (porque otras de tu mismo género sí lo han logrado, funcionando en ese mismo mercado).


Y si eres negro y marginado, la culpa es del racismo. ¿Pero de qué color son Morgan Freeman, Thomas Sowell, Will Smith y otros tantos exitosos?


Esta manera tonta (y cómoda) de pensar ha moldeado el discurso “permitido”. Con tanta fuerza que ya nadie puede decir lo que realmente piensa.


Entonces o te callas, o te ves obligado a decir cosas como estas:


  • “Qué bella esa mujer” (aunque no puedas creer que semejante esperpento    salga en la portada de Vogue). 
  • “Trump incentiva la guerra” (aunque los demócratas respalden a los anarquistas de la extrema izquierda). 
  • “Las mujeres son unas santas incapaces de acosar o intrigar” (como no...)
  • “Woody Allen no sirve como artista porque se casó con su hija adoptiva” (que dicho sea de paso ahí sigue con él sin que nadie la obligue), como si una cosa tuviera que ver con la otra.
  • “Todos los ricos son malvados” (como si no hubiesen hecho nada de provecho para serlo).
  • “Todos los negros son unos angelitos” (sabiendo de sobra que ni los mismos negros lo creen así).
  • “Los baños deben ser todos unisex, para no ofender la sensibilidad de los que no saben lo que son”.


Si no te expresas en estos términos, te exterminan por insensible.


En fin, la estupidez buenista, dominando el escenario. Y aplaudiendo al nuevo héroe de este mundo: el que va de víctima.


La autora es economista y empresaria 


Disparates


Por Regina del Río


Existen personas aplaudidas, premiadas, brillantes en algunas áreas...que no por eso dejan de ser muy incompetentes en otras.


Eduardo Galeano, por ejemplo, fue un distinguido escritor uruguayo. Durante más de 20 años ganó fama y dinero vendiendo sus libros gracias a mercados abiertos y capitalistas, pero como quiera los despreciaba.


Y estaba tan empeñado en despreciarlos, que su tan aplaudida brillantez intelectual no le permitió analizar  los disparates que decía y lo que pasaba por alto.


Se indignaba con la comida chatarra, que los trabajadores compran en el mundo capitalista, pero no le molestaban las filas que tienen que hacer los cubanos para comer lo que se les asigne.


Se escandalizaba con los salarios en Indonesia, pero no con las condiciones de los trabajadores en Corea del Norte.


Y entendía que en el capitalismo los pobres van siempre a peor, olvidando que gracias a ese sistema y solo gracias a él, millones de pobres habían dejado de serlo.


En la misma onda se expresa el tan querido Dalai Lama, cuando declara cosas como éstas:


  • “Simpatizo con el marxismo porque en él hay un contenido moral muy importante”.
  • “En el capitalismo lo único que importa es ganar dinero. El marxismo y el socialismo se interesan además por la forma de repartirlo”.


Por mucho que nos guste su cara bondadosa, todo esto que dice también es disparatado.


No existe un sistema en la historia de la humanidad que haya contribuido más a elevar su bienestar que el capitalismo. Y  te da la libertad de utilizar la riqueza que generas como quieras. ¿Quién dice que muchos, desde esa libertad, no la utilizan con fines solidarios y caritativos?


Peor aún es asumir que el socialismo tiene una moral...y que esa moral le da la superioridad para repartir “con justicia” la riqueza que han producido otros. ¿De dónde entiende este señor que esto es justo? ¿Y qué tienen de especial los encargados de administrar ese régimen para considerarlos más generosos y rectos que los que han producido su dinero? ¿No son seres humanos, con la misma naturaleza?


El Dalai Lama ignora además la evidencia de la historia al pasar por alto el salvajismo y la inmoralidad de los millones de muertos en los regímenes socialistas. 


A lo mejor dirá, como tantos otros comunistas...el sistema funciona pero no hemos dado con los incorruptibles que lo lleven a la práctica. Otro disparate.


La autora es economista y empresaria