lunes, 15 de febrero de 2021

 Educando en la era tecnológica

Por Regina del Río


En su libro "21 lecciones para el siglo XXI", el polémico profesor Yuval Noah Harari nos presenta su opinión sobre la educación en esta época.


Nos encaminamos a un mundo donde la tecnología podrá modificar cuerpos, cerebros y mentes y, por lo tanto, predecir el futuro es mucho más dificil que nunca antes en la historia de la humanidad. 


Ante este nivel de incertidumbre, el profesor Harari entiende que no se tiene la más mínima idea de como diseñar un programa educativo con las destrezas que garanticen que el escolar que las reciba sea útil para algo cuando se gradúe. 


Podemos, por ejemplo, hacer que los chicos aprendan mandarín, y descubrir, llegado el momento de aplicar esto en el mercado laboral, que existen aplicaciones capaces de traducciones simultáneas perfectas. ¡Tremendo desperdicio de neuronas! Al ritmo que avanza la tecnología, lo mismo ocurrirá con miles de otras destrezas en diferentes áreas. 


Parecería entonces que la educación debe comenzar a divorciarse de todo lo que sea lógica, almacenamiento de datos, análisis matemáticos...porque no habrá ser humano, por buenas notas que saque, que pueda competir con una aplicación o un robot.


Lo más sensato pues sería potenciar las áreas (más "humanas") donde la máquina no pudiese participar: colaboración, empatía, solidaridad, creatividad, arte... Sin cantar mucha victoria tampoco, porque ya existen "algoritmos" que están diseñando moda.


Debería hacerse hincapié también en preparar a los chicos para el cambio constante, sin que eso afecte su estabilidad emocional. Porque de eso se tratará el mundo que les espera: un mundo de cambios frecuentes y abruptos (que incluyen hasta el género de sus padres, cuando de repente se den cuenta que preferían ser "otra cosa") y de niveles altísimos de estrés ante la presión permanente de tener que reinventarse. Todo esto sin la ayuda de lo aprendido en el pasado ni el consejo de los adultos porque estarían obsoletos.


Los planteamientos de Yuval Noah Harari son muy desconcertantes. Quizá no sean del todo acertados, pero tampoco son inverosímiles. Mientras tanto, padres orgullosos y sacrificados celebran con algarabía la graduacion de sus hijos. Si Harari tiene razón, el sistema los estaría engañando a todos...


La autora es economista y empresaria




De monos a dioses

Por Regina del Río


En su famoso libro "Sapiens", el profesor Yuval Noah Harari nos presenta la evolución de la especie humana desde sus inicios. Y nos describe como un grupo de monos desarrolló una inteligencia superior y se convirtió en lo que más o menos somos las personas hoy en día.


En "Sapiens" se describe como esos monos (o sea, nosotros) se fueron adaptando a diferentes estilos de vida según las zonas climáticas del planeta, y como su cerebro fue evolucionando y creando los inventos más audaces y los cimientos culturales de  diferentes civilizaciones.


Lo más interesante de "Sapiens" no es esta descripción, porque ya la ciencia nos había informado que veníamos del mono, y en la escuela aprendimos algo de historia. 


Lo innovador del libro (y muy desconcertante por cierto) es lo que predice sobre el futuro de esos monos sapiens. Es decir, lo que dice que ocurrirá con la especie humana tal como la conocemos.


Yuval Noah Harari entiende que los humanos, con nuestra inteligencia, hemos ido creando las condiciones para nuestro propio exterminio.


Esto es así porque al ritmo que hemos desarrollado la tecnología, la ingeniería robótica y la biogenética, estamos muy cerca ya de crear un nuevo género (humanoide, o como se le quiera llamar), modificado genéticamente para no enfermarse y no morir jamás, con componentes robóticos en sus cuerpos (a la manera del hombre nuclear y la mujer biónica) y con la capacidad de almacenamiento y análisis de la inteligencia artificial en su cerebro.


Los humanos que logren comprar la tecnología para modificar su descendencia de esta forma, habrán creado algo parecido a divinidades inmortales. Los que no puedan comprarla se quedarían como personas comunes y pasarían a ser parias desechables del sistema. 


La nueva especie inmortal saldría a conquistar el universo y no necesitaría ya de religión alguna. Porque se habría convertido en el mismo Dios...


La autora es economista y empresaria